Los municipios y el emprendimiento en Chile

Muchos emprendedores parten en el municipio, pero pocos logran avanzar desde ahí hacia el resto del ecosistema.

Para muchos emprendedores, el primer contacto con el sistema es el municipio. Ahí llegan con dudas, con ideas y con necesidades concretas. Preguntan, se informan y buscan orientación. Es el punto de entrada natural, cercano, accesible y, muchas veces, el único espacio donde alguien los escucha y los guía en sus primeros pasos.

Pero el problema es que, en muchos casos, ese punto de entrada no se transforma en un camino. El municipio orienta, apoya en lo básico, entrega información y, en algunos casos, genera instancias de capacitación o espacios de desarrollo. Sin embargo, no siempre logra proyectar al emprendedor hacia el siguiente nivel. Y no es solo por falta de compromiso o intención, sino por una falta estructural de articulación con el resto del ecosistema, o simplemente porque la orientación depende de lo que sabe quien atiende en ese momento.

La derivación no siempre es clara ni está basada en criterios de etapa o necesidad. En algunos casos responde a “lo que alguien dijo” o a referencias informales. Muchas veces depende más de la información disponible que de una estrategia definida. El seguimiento, en la mayoría de los casos, simplemente no existe. Y el paso hacia instituciones más especializadas, como programas de financiamiento de FOSIS, SERCOTEC, CORFO, INDAP u otras iniciativas privadas de incubación o escalamiento, queda, muchas veces, en manos del propio emprendedor.

Aquí hay un punto clave: al emprendedor hay que facilitarle la vida. No se trata de hacer las cosas por él, pero cuando los espacios ya existen, lo mínimo que corresponde es tener claridad en la orientación y en la derivación. Cuando eso no ocurre, se produce un quiebre. El emprendedor parte acompañado, pero luego queda solo. Tiene que volver a entender el sistema, volver a buscar, volver a preguntar. Lo que debería ser continuidad se transforma en una nueva búsqueda.

Se pierde tiempo, se pierde energía y, en muchos casos, se pierde motivación. Algunos «los más busquillas» logran avanzar por su cuenta; otros se quedan en una etapa inicial más tiempo del necesario; y varios simplemente se desconectan. Por eso, no basta con recibir bien al emprendedor, hay que proyectarlo y no mantenerlo como indicador.

El municipio no puede ser solo una puerta de entrada. Tiene que ser parte del recorrido, un actor que no solo orienta en el inicio, sino que también acompaña, conecta y hace seguimiento. Esto implica un cambio de enfoque: pasar de informar a articular, de atender a acompañar, de derivar a hacerse responsable del siguiente paso.

Porque cuando el municipio logra cumplir ese rol, el sistema completo gana coherencia. Se ordena el camino, se reducen las fricciones y aumenta la probabilidad de que el emprendimiento avance. El desafío no es menor, pero es claro: si el municipio es el primer punto de contacto, también debe ser un punto de continuidad.

Y aquí aparece un rol clave del Estado. Debe estar presente apoyando a los municipios. Las instituciones de fomento tienen que conversar con quienes están en primera línea, capacitar a quienes atienden a los emprendedores, entregar herramientas para una mejor orientación y dar a conocer de forma clara todos los instrumentos disponibles, tanto públicos como privados.

El Estado debe estar en los municipios, ya sea porque estos lo soliciten o porque exista una política clara en esa dirección. En Chile hay 345 municipalidades. ¿Todas cuentan con una estrategia mínima de apoyo al emprendimiento? ¿Se está apoyando de forma efectiva a las comunas más apartadas?

Si queremos que más emprendedores avancen, si queremos mas empresarios para Chile, no basta con abrir la puerta.

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