Emprender en Chile depende demasiado de tu comuna

En Chile se habla constantemente de igualdad de oportunidades. Pero cuando se trata de emprendimiento, esa igualdad simplemente no existe. Y aunque pocas veces se dice de manera tan directa, la realidad es clara: hoy las posibilidades de emprender dependen demasiado de la comuna donde vives.

No estamos hablando solo de recursos económicos. Estamos hablando de acceso a redes, orientación, información, acompañamiento y oportunidades reales para avanzar. Porque mientras en algunas comunas un emprendedor encuentra apoyo, rutas claras, espacios colaborativos y conexión con el ecosistema, en otras apenas encuentra una oficina con información básica o, peor aún, ninguna orientación concreta.

Y eso termina generando una desigualdad silenciosa que pocas veces se mide.

Porque no todos los municipios entienden el emprendimiento de la misma forma. Hay comunas donde se considera un motor de desarrollo local y otras donde sigue siendo visto como un tema secundario, casi administrativo. Esa diferencia cambia completamente la experiencia de quien intenta levantar un negocio.

En algunas comunas existen equipos preparados, redes activas, programas conectados y derivaciones claras. El emprendedor sabe dónde ir, qué hacer y con quién hablar. En otras, el camino depende demasiado de la suerte: suerte de encontrar a alguien que sepa orientarlo, suerte de llegar el día correcto o suerte de conocer a alguien dentro del sistema.

Y eso no debería pasar.

Porque hoy, gracias a internet, la tecnología y las herramientas digitales, cualquier persona podría emprender desde cualquier punto del país. El problema no es la distancia geográfica. El problema es la distancia en oportunidades.

Hay comunas donde emprender se siente posible. Y hay otras donde el sistema termina agotando antes de comenzar.

Lo más complejo es que esta desigualdad muchas veces no se ve. No aparece en los indicadores tradicionales ni se discute con fuerza. Pero existe todos los días. Se refleja en la calidad de atención, en la capacidad de respuesta, en las redes disponibles, en el acceso a información y en la posibilidad real de conectar con oportunidades.

Mientras algunos emprendedores logran entrar rápidamente a redes de apoyo, capacitaciones, mentorías o financiamiento, otros siguen atrapados intentando entender cómo formalizarse o dónde resolver un trámite básico.

Ahí aparece una pregunta: ¿por qué el desarrollo de un emprendedor debería depender tanto del territorio donde vive?

Porque al final del día, el talento está distribuido en todo Chile. Las ganas de salir adelante también. Lo que no está distribuido de manera equitativa son las oportunidades.

Y eso debería preocuparnos mucho más de lo que hoy nos preocupa.

No estamos hablando solamente de emprendimiento. Estamos hablando de desarrollo territorial, movilidad social y descentralización real. Porque cuando una comuna facilita el crecimiento de sus emprendedores, genera empleo, dinamiza la economía local y crea nuevas oportunidades para sus vecinos. Pero cuando una comuna no tiene capacidades, redes ni visión, termina limitando el potencial de su propia gente.

Lo más peligroso es que hemos comenzado a normalizar esta diferencia. Como si fuera lógico que algunas comunas avancen y otras simplemente sobrevivan. Como si el acceso a oportunidades dependiera naturalmente del lugar donde naciste.

Y ahí está el verdadero problema.

Si queremos un país que impulse de verdad el emprendimiento, no basta con crear más programas desde el nivel central. Hay que mirar el territorio, entender las diferencias y asegurar estándares mínimos de apoyo para cualquier emprendedor, viva donde viva.

Porque emprender no debería depender de tu comuna. Debería depender de tus capacidades, tus ganas y las oportunidades que el sistema sea capaz de construir.

Es aquí donde aparece una gran oportunidad para el gobierno: impulsar y fortalecer unidades de fomento dentro de los municipios, entregándoles herramientas, estándares e instrumentos que permitan visualizar el estado real en que se encuentra cada comuna en materia de emprendimiento. Solo así será posible avanzar hacia una estandarización mínima que asegure mejores condiciones, atención y oportunidades para quienes quieren emprender, independiente del lugar del país donde vivan.

No es casualidad: el emprendimiento crece donde el alcalde lo lidera e instala estrutura

En Chile, cuando un municipio logra destacar en apoyo al emprendimiento, suele explicarse rápido: “tienen más recursos”, “es una comuna grande”, “hay más empresas”. Suena lógico, pero no es cierto. Hay municipios con presupuestos similares e incluso menores que logran mejores resultados, y también hay comunas con más recursos donde el emprendimiento simplemente no despega; se mantiene, navega, existe, pero sin ser realmente relevante. La diferencia no está en los recursos. Está en la decisión y en la actitud con que se aborda el desarrollo del emprendimiento.

En otras columnas he planteado la importancia de facilitar la vida al emprendedor. Y gran parte de eso se explica por cómo el municipio, a través de sus alcaldes y equipos, entiende, gestiona y prioriza este tema. Porque, al final del día, el desarrollo del emprendimiento en una comuna no es casualidad. Es una consecuencia directa de cuánto importa este tema para quien lidera el municipio.

El alcalde no solo administra: define prioridades, marca foco y ordena al equipo. Cuando el emprendimiento es parte real de esa prioridad, se nota. Se ve en cómo se organiza la municipalidad, se declara en su página web o en sus redes, en cómo se atiende a las personas y en cómo se diseñan las soluciones. Y, sobre todo, en que los emprendedores dejan de ser vistos como un problema y pasan a ser entendidos como una oportunidad.

No es lo mismo un municipio donde el emprendimiento es un área más, que uno donde es un eje estratégico de desarrollo. En el primero, el emprendedor pasa por distintas oficinas, recibe respuestas distintas y termina resolviendo solo. En el segundo, encuentra orientación, claridad, un equipo que entiende lo que está haciendo y, sobre todo, redes que lo ayudan a avanzar. La diferencia no es técnica. Es cultural.

Y esa cultura no se construye sola. Depende del liderazgo. Depende de que el alcalde entienda que cuando llega un emprendedor, no llega alguien a pedir ayuda, sino alguien con potencial. Alguien que puede generar ingresos, empleo y desarrollo en su territorio. No se sabe el alcance de ese potencial: puede ser un pequeño negocio local o una empresa que escale mucho más allá de la comuna. Pero para que eso ocurra, hay que tomar una decisión: facilitarle el camino.

Eso implica ordenar la casa, exigir estándares de atención, formar equipos, conectar redes y hacerse cargo del proceso completo. No solo del inicio, sino también de lo que viene después. Porque apoyar el emprendimiento no es hacer talleres. No es solo hacer un par de ferias para el día de la madre o navidad. Es hacerse responsable de que las personas avancen.

En los municipios que funcionan, esto no es discurso. Es práctica. Hay claridad en la ruta, equipos que saben lo que hacen, redes activas y seguimiento. Y, sobre todo, hay una convicción instalada: el emprendimiento importa. Por eso esos municipios logran resultados. No porque tengan más, sino porque hacen mejor.

También ocurre lo contrario. Cuando el liderazgo no está, el sistema se desordena. Cada área opera por su lado, los emprendedores rebotan entre oficinas y el municipio pierde su rol. Ahí el problema no es la falta de instrumentos, es la falta de dirección. Porque cuando nadie se hace cargo del tema, el emprendimiento queda a la deriva.

Y esto no es solo un discurso desde la autoridad. El liderazgo se demuestra en cómo se alinean todos los equipos municipales: desde la oficina de partes hasta permisos, obras, patentes y relación con el SII. Todos deben entender los lineamientos del emprendimiento, conocer los objetivos comunales y comprender el impacto real de su trabajo. Porque la creación de una empresa no es solo un trámite más: es generación de empleo, dinamismo económico y desarrollo para toda la comuna.

Por eso es importante decirlo sin rodeos: un municipio no es pro emprendimiento por decreto, es por convicción de quien lo lidera. Y esa convicción no se mide en discursos ni en actividades, se mide en cómo funciona el sistema completo. En si el emprendedor entiende qué hacer, en si encuentra apoyo real y en si logra avanzar.

Si queremos que más comunas impulsen el emprendimiento de verdad, esto no puede seguir siendo opcional. No puede depender de la motivación personal de un alcalde o del equipo de turno. Tiene que ser una definición clara, estructural y exigible. Porque cuando el liderazgo se alinea, el sistema responde. Y cuando el sistema responde, el emprendimiento deja de ser un esfuerzo individual y se transforma en una herramienta real de desarrollo.

Si el Estado no trabaja con los municipios, el emprendimiento en Chile seguirá estancado

No fue sino hasta alrededor del 2010 cuando el emprendimiento comenzó a ocupar un lugar relevante en las políticas públicas en Chile. Pasó a ser protagonista, con iniciativas como la Semana de la Pyme y el fortalecimiento de instituciones de fomento como CORFO y SERCOTEC. Sin embargo, desde entonces, las políticas en materia de emprendimiento han ido variando según la mirada de los distintos gobiernos: algunos con mayor foco en el emprendedor y otros con una orientación más marcada hacia el apoyo a empresas ya establecidas.

Personalmente, creo que es necesario fortalecer con decisión la creación de nuevos emprendedores y empresarios. Y en ese camino, es importante reconocer que el modelo ha operado, en gran medida, bajo una lógica centralizada. Aunque eso tiene sentido en varios ámbitos, en el caso del emprendimiento tiene un límite claro. Porque el emprendimiento no ocurre en el nivel central, en las comunas, en los espacios donde las personas viven, trabajan y deciden emprender.

El emprendimiento nace en las comunas. Y, por lo tanto, su desarrollo también debería serlo.

Sin embargo, gran parte de las decisiones, programas y estrategias siguen pensándose desde arriba hacia abajo, bajo una lógica general que no siempre logra capturar la diversidad de realidades locales. Además, hemos transitado por administraciones con enfoques distintos: algunas más pro-emprendimiento y empresariales, otras que han optado por mantener lo existente con matices más asociativos muchas veces armando y desarmando. Esto genera una brecha entre lo que se diseña y lo que realmente se necesita, afectando directamente el impacto de las políticas públicas.

Es aquí donde aparece el verdadero desafío político.

Fortalecer a los municipios no es solo una decisión operativa, es una decisión estratégica. No se trata únicamente de transferir recursos, sino de definir un rol claro dentro del sistema, integrarlos en la estrategia de desarrollo productivo, confiar en su capacidad de articulación y reconocer que poseen un conocimiento clave del entorno para tomar mejores decisiones.

Además, es importante entender que muchos municipios ya están avanzando. Han creado espacios, HUBs, cowork,direcciones y corporaciones de fomento, con sus ventajas y también con sus desafíos. Esto demuestra una voluntad real de impulsar el emprendimiento desde lo local. Sin embargo, este crecimiento también requiere ordenamiento.

Hoy, varios municipios ven en la creación de HUBs una solución para el desarrollo del fomento. Y si bien estos espacios pueden ser un gran aporte, por sí solos no resuelven el problema. Sin una estrategia país clara, con lineamientos definidos que permitan coordinar esfuerzos y generar conversación real entre el nivel central y los municipios, existe el riesgo de volver a fragmentar el sistema.

Se trata de pasar de un sistema que baja soluciones a uno que también las construye desde lo local, pero con una mirada articulada. Este cambio implica algo más profundo que ajustes técnicos. Implica redistribuir responsabilidades, abrir espacios de decisión y generar mecanismos reales de coordinación entre el nivel central y las direcciones de sus municipios. Implica entender que el desarrollo no se impone, se construye.

Y en ese proceso, los municipios pueden transformarse en actores fundamentales. No solo como ejecutores de programas, sino como articuladores del ecosistema, como conectores entre actores y como motores del desarrollo económico local.

Hoy ya existen experiencias que demuestran que esto es posible. Municipios que han creado espacios de emprendimiento, que han articulado redes y que han generado impacto real desde sus territorios. Sin embargo, estos esfuerzos aún no están completamente integrados en una estrategia país.

Y ahí está la oportunidad. Porque si no fortalecemos lo local, el sistema seguirá siendo distante, poco preciso y menos efectivo de lo que podría ser. Seguiremos teniendo buenas intenciones, pero resultados limitados. El desafío no es menor, pero es claro.

Si queremos que el emprendimiento realmente crezca, tenemos que cambiar la forma en que lo estamos impulsando: menos centralización en el diseño y más protagonismo en las comunas. Pero no de cualquier forma. Las comunas también deben querer ser parte, asumir un rol activo y trabajar de manera asociativa y articulada con el gobierno de turno, con sus comunas vecinas, sin importar el color político y al mismo tiempo, vincularse con la academia y el sector privado. Solo así se puede construir un ecosistema que funcione de verdad.

Si queremos que el emprendimiento deje de ser un discurso y pase a ser una herramienta real de desarrollo para Chile, tenemos que tomar decisiones distintas. No basta con seguir ajustando programas desde el nivel central ni con seguir sumando iniciativas sin conexión. El cambio es más profundo: se trata de ordenar el sistema desde donde realmente ocurre el emprendimiento.

Eso implica reconocer a los municipios como un pilar, no como un complemento. Integrarlos en la estrategia, exigirles también estándares, fortalecer sus capacidades y, sobre todo, conectarlos entre sí y con el Estado. Porque cuando lo local se articula bien, el impacto deja de ser marginal y pasa a ser estructural.

El desafío no es menor, pero es evidente. Chile no necesita más esfuerzos aislados, necesita coordinación, dirección y una apuesta clara por el territorio. Porque el desarrollo no se decreta, se construye. Y se construye desde las comunas.

Sin municipios no hay emprendimiento: el Estado debe integrarlos como eje del desarrollo productivo

El emprendimiento ocurre en las comunas, pero el sistema sigue operando desde arriba. Es momento de que el Estado reconozca a los municipios como articuladores clave y los integre de forma real en la estrategia de fomento en Chile.

Desde lo que he podido observar durante estos años, los municipios cumplen múltiples funciones: atienden, orientan, informan y apoyan. Son el primer contacto para muchos emprendedores y, en muchos casos, el único espacio donde encuentran acompañamiento cercano. Pero hay un rol que aún no se ha desarrollado del todo y que podría cambiar profundamente el funcionamiento del sistema: convertirse en verdaderos conectores.

No se trata de que el municipio haga todo ni de que reemplace a otras instituciones. Se trata de algo más estratégico: conectar mejor lo que ya existe. Ordenar la oferta, articular actores y dar sentido al recorrido del emprendedor dentro del territorio. Hoy se invierten millones en difusión, en campañas y en visibilidad de programas, pero poco en asegurar que esa información llegue de forma clara y útil a quienes están en la primera línea: los municipios, a través de sus unidades de fomento.

Esto también implica un desafío interno. Los municipios deben profesionalizar este espacio y asumirlo como un eje estratégico. Y muchos ya lo están haciendo. Son cada vez más los que destinan tiempo, equipos y recursos para impulsar el emprendimiento y facilitar la creación de nuevas empresas. Esto ocurre en un contexto donde ya existen múltiples programas, instituciones y herramientas disponibles. Por lo tanto, el problema no es la falta de oferta, es la falta de conexión.

Ahí el municipio puede cumplir un rol clave. Puede transformarse en el espacio donde convergen las distintas alternativas, donde se orienta con criterio y donde se construye una trayectoria más clara para el emprendedor.

Para lograrlo, el municipio debe avanzar hacia una lógica distinta. Pasar de ser un punto de atención a un nodo de articulación. Un espacio donde se sepa a quién derivar, cuándo hacerlo y cómo hacer seguimiento. Donde no solo se entregue información, sino que se acompañe el proceso.

Esto implica articular con la academia, con los servicios públicos, con el mundo privado y con otros actores del ecosistema. Implica conocer qué hace cada uno, en qué etapa aporta valor y cómo se complementan. Y, sobre todo, implica asumir que el emprendedor no necesita más opciones, necesita mejores decisiones.

Cuando el municipio cumple este rol, el sistema se ordena desde sus comunas. Se reducen las duplicidades, se mejora la pertinencia de los apoyos y aumenta la probabilidad de que el emprendedor avance. El desafío es claro: dejar de operar como actores aislados y avanzar hacia una lógica de red, donde el municipio actúe como un verdadero conector territorial.

Porque si alguien tiene la capacidad de ordenar el ecosistema desde la realidad, con conocimiento directo y cercanía con las personas, es el municipio.

Entonces, ¿qué debería pasar? Y lo he planteado en distintas instancias: el Estado debe reconocer y fortalecer a los municipios que están más avanzados, utilizándolos como base para acercar los instrumentos de fomento a las personas. También debe impulsar programas que permitan que las instituciones lleguen a laas comunas, apoyando a quienes aún no están preparados y necesitan desarrollar procesos reales de emprendimiento, más allá de acciones puntuales o ferias temporales.

Los municipios, a través de sus unidades de fomento, deben convertirse en articuladores del desarrollo emprendedor en Chile. Ahí hay una oportunidad concreta de ordenar el sistema y hacerlo realmente efectivo.

Aquí dejo esta pregunta: ¿El estado esta aprovechando realmente el rol de los municipios en el desarrollo del fomento productivo? ¿Los alcaldes tienen este tema en su agenda?

El conocimiento para emprender está en las comunas… pero las decisiones siguen lejos

Hay información valiosa en las comunas que no está siendo utilizada para tomar mejores decisiones.

Los municipios tienen algo que ninguna otra institución posee con ese nivel de profundidad: conocimiento real y directo de sus comunas. Saben quién está emprendiendo, en qué rubro, con qué dificultades y en qué contexto. Conocen las historias detrás de cada negocio, las barreras que enfrentan y las oportunidades que se pueden activar. Ese conocimiento no es teórico, es práctico, cotidiano y construido en terreno, muchas veces con pocos recursos y sacando adelante iniciativas casi a pulso.

Sin embargo, hoy ese conocimiento no se está utilizando de manera estratégica. Muchas veces queda en el nivel local, sin escalar, sin sistematizarse y sin influir en las decisiones más amplias del ecosistema. Se transforma en información valiosa, pero aislada.

Las decisiones, desde los formatos de apoyo hasta los programas de emprendimiento e incluso los montos que se asignan, en muchos casos siguen tomándose desde arriba, bajo una lógica general que no siempre incorpora la diversidad de realidades de las comunas a nivel nacional. Los programas se diseñan con buenas intenciones, pero sin considerar completamente lo que realmente está ocurriendo en las comunas. Y ahí es donde comienza la desalineación.

Porque cuando no se escucha lo que pasa en las comunas, el sistema pierde precisión. Pierde la capacidad de focalizar bien, de adaptar sus instrumentos y de responder a necesidades reales. Se vuelve más genérico, más distante y, finalmente, menos efectivo.

El resultado es evidente: programas que no calzan del todo con la realidad local, recursos que no se aprovechan al máximo y emprendedores que sienten que el apoyo no responde a su situación concreta, o que simplemente está diseñado para otros y no para ellos.

Hoy el sistema tiene acceso a conocimiento, pero no lo está integrando de forma sistemática en la toma de decisiones. Y eso limita su impacto. También es cierto que, en algunos casos, esa información no se comparte lo suficiente desde los propios municipios, lo que refuerza la desconexión.

Si queremos mejorar el ecosistema, tenemos que escuchar más a los municipios. Pero no solo convocarlos en momentos puntuales o en situaciones de emergencia, sino integrarlos de manera permanente, validar su conocimiento y utilizarlo como base para diseñar mejores políticas públicas. Eso implica darles un rol más activo, no solo como ejecutores locales, sino como actores relevantes en el diseño, ajuste y evaluación de las estrategias de emprendimiento.

Porque cuando el sistema se construye con información real, el impacto cambia. Se vuelve más preciso, más pertinente y efectivo.

Y aquí hay una tarea compartida. El Estado debe integrar a los municipios y a sus áreas de emprendimiento dentro de una red de trabajo real, activa y colaborativa. Y los municipios también deben estar dispuestos a compartir información, coordinarse y trabajar en conjunto. Porque solo así se puede fortalecer el ecosistema y generar más emprendedores, más empresas y, en consecuencia, más desarrollo para el país.

Dejo planteado estos temas: ¿Estamos diseñando políticas públicas sin conocer lo que pasa en terreno? ¿Crees que hoy el Estado realmente escucha lo que pasa en los territorios?

Los municipios y el emprendimiento en Chile

Muchos emprendedores parten en el municipio, pero pocos logran avanzar desde ahí hacia el resto del ecosistema.

Para muchos emprendedores, el primer contacto con el sistema es el municipio. Ahí llegan con dudas, con ideas y con necesidades concretas. Preguntan, se informan y buscan orientación. Es el punto de entrada natural, cercano, accesible y, muchas veces, el único espacio donde alguien los escucha y los guía en sus primeros pasos.

Pero el problema es que, en muchos casos, ese punto de entrada no se transforma en un camino. El municipio orienta, apoya en lo básico, entrega información y, en algunos casos, genera instancias de capacitación o espacios de desarrollo. Sin embargo, no siempre logra proyectar al emprendedor hacia el siguiente nivel. Y no es solo por falta de compromiso o intención, sino por una falta estructural de articulación con el resto del ecosistema, o simplemente porque la orientación depende de lo que sabe quien atiende en ese momento.

La derivación no siempre es clara ni está basada en criterios de etapa o necesidad. En algunos casos responde a “lo que alguien dijo” o a referencias informales. Muchas veces depende más de la información disponible que de una estrategia definida. El seguimiento, en la mayoría de los casos, simplemente no existe. Y el paso hacia instituciones más especializadas, como programas de financiamiento de FOSIS, SERCOTEC, CORFO, INDAP u otras iniciativas privadas de incubación o escalamiento, queda, muchas veces, en manos del propio emprendedor.

Aquí hay un punto clave: al emprendedor hay que facilitarle la vida. No se trata de hacer las cosas por él, pero cuando los espacios ya existen, lo mínimo que corresponde es tener claridad en la orientación y en la derivación. Cuando eso no ocurre, se produce un quiebre. El emprendedor parte acompañado, pero luego queda solo. Tiene que volver a entender el sistema, volver a buscar, volver a preguntar. Lo que debería ser continuidad se transforma en una nueva búsqueda.

Se pierde tiempo, se pierde energía y, en muchos casos, se pierde motivación. Algunos «los más busquillas» logran avanzar por su cuenta; otros se quedan en una etapa inicial más tiempo del necesario; y varios simplemente se desconectan. Por eso, no basta con recibir bien al emprendedor, hay que proyectarlo y no mantenerlo como indicador.

El municipio no puede ser solo una puerta de entrada. Tiene que ser parte del recorrido, un actor que no solo orienta en el inicio, sino que también acompaña, conecta y hace seguimiento. Esto implica un cambio de enfoque: pasar de informar a articular, de atender a acompañar, de derivar a hacerse responsable del siguiente paso.

Porque cuando el municipio logra cumplir ese rol, el sistema completo gana coherencia. Se ordena el camino, se reducen las fricciones y aumenta la probabilidad de que el emprendimiento avance. El desafío no es menor, pero es claro: si el municipio es el primer punto de contacto, también debe ser un punto de continuidad.

Y aquí aparece un rol clave del Estado. Debe estar presente apoyando a los municipios. Las instituciones de fomento tienen que conversar con quienes están en primera línea, capacitar a quienes atienden a los emprendedores, entregar herramientas para una mejor orientación y dar a conocer de forma clara todos los instrumentos disponibles, tanto públicos como privados.

El Estado debe estar en los municipios, ya sea porque estos lo soliciten o porque exista una política clara en esa dirección. En Chile hay 345 municipalidades. ¿Todas cuentan con una estrategia mínima de apoyo al emprendimiento? ¿Se está apoyando de forma efectiva a las comunas más apartadas?

Si queremos que más emprendedores avancen, si queremos mas empresarios para Chile, no basta con abrir la puerta.

¿Que opinas?

Derivación responsable: el eslabón perdido que puede ordenar el emprendimiento en Chile

No faltan programas ni recursos. Lo que falta es algo más básico: saber derivar bien. Porque cuando la derivación falla, el sistema completo pierde sentido.

Durante años hemos discutido cómo mejorar el ecosistema de emprendimiento en Chile. Se habla de más programas, más fondos y mayor cobertura. Pero hay una verdad incómoda que sigue pasando desapercibida y que explica gran parte de las fallas del sistema: la derivación. Y para los que me conocen, saben que hay una frase que repito constantemente, casi como una convicción: “derivemos responsablemente”. No es una consigna ni una frase bonita, es una forma de mirar el sistema. Porque en ese momento, cuando alguien te pregunta qué hacer, dónde ir o cómo seguir, no estás entregando un dato, estás influyendo en el camino de una persona. Estás tomando una decisión que puede acelerar su crecimiento o hacerlo perder meses.

Y ahí es donde el sistema hoy se queda corto. Porque derivar no puede ser sacarse el problema de encima, derivar es hacerse responsable. Es entender que no termina cuando entregas un nombre o un link, sino que empieza ahí. Una derivación real debería tener seguimiento, debería existir un dashboard que permita saber a quién derivaste, a dónde, qué pasó después, si avanzó o no. Debería haber una llamada posterior, una conversación, una validación. Porque si no sabemos qué ocurrió, no estamos aprendiendo, y si no aprendemos, seguimos repitiendo errores.

Pero hay algo aún más profundo. Para derivar bien no basta con conocer programas, hay que conocer personas. No todos dentro de una institución tienen la misma capacidad de orientar, resolver o acompañar. Saber quién es el indicado marca la diferencia. Una buena derivación no es solo a la institución correcta, es a la persona correcta. Y eso nos enfrenta a otro desafío mayor: conocernos entre nosotros. Hoy el sistema no se conoce lo suficiente. No sabemos bien qué hace el otro, en qué etapa aporta valor o quién resuelve mejor ciertos problemas. Falta un mapa claro, una especie de menú del ecosistema que permita tomar decisiones con criterio y no al azar.

Porque cuando eso no existe, la derivación se transforma en intuición, y cuando se basa en intuición, el sistema pierde consistencia. Aquí está la oportunidad. No se trata de crear más programas, se trata de ordenar el recorrido, de asumir que cada derivación es una decisión estratégica. De pasar de un sistema que deriva a uno que se hace cargo. Porque al final, derivar bien no es mover a alguien de un lugar a otro, es hacerse responsable de que llegue donde realmente tiene que estar y de no soltarlo hasta saber qué pasó. Ahí es donde el sistema deja de operar y empieza, de verdad, a transformar.

5 propuestas para apoyar a los emprendedores frente al alza de los combustibles

Para las pymes, el combustible no es un gasto más, sino parte esencial de su operación. Mientras algunos lo gestionan activamente, muchos lo absorben sin medir su impacto, deteriorando su rentabilidad.

No todas las empresas enfrentan este escenario de la misma manera. Los emprendimientos requieren apoyo en costos iniciales; las microempresas necesitan combinar subsidio y gestión para sostener su operación; y las pymes consolidadas deben enfocarse en eficiencia, reconversión y alivio financiero.

En esa línea, propongo cinco medidas para apoyar a los emprendedores:

1- Asegurar la continuidad operacional.

Se hace necesario implementar subsidios directos y focalizados, tomando como referencia la lógica de los programas de emergencia que han demostrado efectividad en distintos contextos. Sercotec cuenta con experiencia concreta en la activación de instrumentos frente a crisis, como la reconstrucción tras el terremoto de 2010, el incendio de Torres del Paine, el estallido social y la pandemia. Esa experiencia permite hoy pensar en mecanismos ágiles y flexibles que ayuden a sostener la operación en rubros donde el combustible es crítico, como transporte, logística y servicios en terreno.

2- Utilizar los instrumentos existentes.

El programa Crece, y particularmente su línea Crece Sostenible, ofrece una base adecuada para avanzar en eficiencia energética y logística. Redistribuir recursos hacia esta línea permitiría ampliar cobertura y financiar mejoras estructurales como optimización de procesos, implementación de software logístico y adopción de soluciones más eficientes. El foco no debe estar solo en subsidiar el impacto, sino en reducir su peso en la estructura de costos de las empresas en el tiempo.

3- Asociatividad.

El escenario actual abre una oportunidad concreta para fomentar compras, distribución conjunta y uso de plataformas de comercialización como marketplaces. Cuando las pymes operan de manera coordinada, logran reducir costos unitarios y mejorar su competitividad.

4- Gestión de precios.

Muchos emprendedores no tienen claridad sobre cómo el combustible impacta su estructura de costos ni cómo incorporarlo adecuadamente en sus precios. Aquí, los Centros de Desarrollo de Negocios cumplen un rol fundamental, entregando asesoría especializada y continua. Fortalecer el trabajo en estructura de costos y eficiencia operativa no es un complemento, es una necesidad. Hoy existen empresas que están perdiendo margen sin tener plena visibilidad de ello, y ese es un problema que se puede corregir con gestión.

5- Digitalización

Potenciar rutas de digitalización, cursos virtuales y programas orientados al uso de marketplaces no solo mejora la eficiencia, sino que abre nuevas oportunidades comerciales.

El desafío no es menor. El alza de los combustibles no puede verse como solo una situación pasajera, sino una señal de cambio en las condiciones de operación. Por lo mismo, la respuesta no puede ser reactiva ni aislada.

¿Que otra idea se podria se podria realizar incorporando a la empresa y a la academia?

Cuando el sistema no conversa: etapas mal entendidas y una desconexión que frena el emprendimiento

En Chile no solo tratamos igual a quienes están en momentos distintos. Además, lo hacemos desde instituciones que no están realmente conectadas. El problema ya no es solo de diseño, es de coordinación.

No todos los emprendedores están en el mismo momento. Algunos recién están validando una idea, otros sobreviven en la informalidad (saliendo de sus toldos azules) y otros ya están vendiendo y buscando crecer. Son realidades distintas, con necesidades y urgencias diferentes. Sin embargo, el sistema muchas veces los trata como si fueran lo mismo, entregando soluciones estándar para situaciones completamente distintas. Esto, por sí solo, ya genera desalineación, pérdida de tiempo y desgaste.

Pero cuando uno mira un poco más en profundidad, aparece algo aún más estructural. El problema no es solo que el sistema no distinga etapas. Es que además está desconectado por dentro.

Cada institución opera con su propia lógica, sus propios tiempos y sus propios objetivos. FOSIS, SERCOTEC, CORFO, municipios, academia, Hub… todos cumplen un rol, todos están activos, pero no necesariamente están articulados entre sí. Y eso genera un efecto silencioso, pero muy potente: el emprendedor queda en medio de un sistema que no conversa.

“El problema no es solo qué se entrega, es cómo se coordina.”

Desde afuera, el ecosistema se ve robusto. Hay oferta, hay programas, hay cobertura. Pero en el “backstage”, la realidad es distinta. Falta comunicación efectiva, los objetivos no siempre están alineados y las decisiones se toman muchas veces de forma independiente. Cada actor responde a sus propios indicadores, más que a una lógica común de desarrollo del emprendedor.

Y eso tiene consecuencias directas. El emprendedor participa en un programa que no conversa con el siguiente. Recibe apoyo que no se conecta con lo que ya hizo. Se enfrenta a requisitos distintos, a lenguajes distintos, a expectativas distintas. Y nuevamente, tiene que adaptarse… no el sistema a él, sino él al sistema.

Ahí es donde se pierde eficiencia, pero también sentido. Porque cuando no hay coordinación, el sistema no construye sobre lo avanzado. Repite, fragmenta y diluye el impacto. Y eso se suma a un problema previo: si además no distinguimos en qué etapa está cada emprendedor, terminamos combinando dos fallas críticas. Entregamos soluciones poco pertinentes desde instituciones que no están alineadas.

El resultado es un ecosistema activo, pero poco conectado. No se trata de cuestionar a las instituciones, donde yo he sido fundador y participe activamente. Todas cumplen un rol necesario y muchas veces con equipos altamente comprometidos. El problema es que ese esfuerzo no está siendo articulado de manera sistémica. Y cuando eso ocurre, el impacto se reduce.

El desafío, entonces, no es hacer más ni reemplazar lo que existe. Es conectar mejor. Alinear objetivos, compartir información, construir trayectorias comunes y entender que el emprendedor no vive instituciones, vive un proceso.

Porque cuando el sistema se organiza desde sí mismo, el emprendedor se pierde. Pero cuando se organiza desde la experiencia del emprendedor, todo empieza a tener sentido.

Si queremos que el emprendimiento realmente avance, no basta con mejorar programas ni segmentar etapas, crear nuevas «Ruta del emprendedor», «Track de emprendedores», etc, que en muchos casos solo son para facilitar sus objetivos como organización y no hacer el camino mas fácil al emprendimiento y al empresario.

Es aquí el desafío para este nuevo gobierno, tenemos que lograr algo más básico, pero más desafiante: que el sistema, de una vez por todas, empiece a conversar consigo mismo.

¿Te hace sentido esta mirada? ¿Crees que hoy existe coordinación real o seguimos operando como piezas separadas dentro de un mismo sistema?

La batalla silenciosa por los dominios: quién tiene realmente el derecho

¿Qué significa realmente una controversia- revocación por un dominio?

Es una situación que muchos emprendedores desconocen… hasta que les pasa. Ocurre cuando dos o más personas o empresas reclaman el mismo dominio, o cuando alguien considera que ese dominio fue registrado de forma indebida.

El caso típico es más común de lo que parece. Tú registras tumarca.cl con toda la intención de construir tu negocio. Pero resulta que ya existe una empresa con ese mismo nombre, registrada previamente. Y esa empresa levanta la mano y dice: ese dominio me pertenece.

Ahí comienza el problema. Se genera una controversia.

Y no es un tema menor. Porque lo que está en juego no es solo una dirección web, sino el derecho a usar ese nombre en el entorno digital.

La controversia no es por el dominio… es por el derecho a usar ese nombre. En este tipo de procesos, lo que se discute es bastante claro. Quién tiene mejor derecho sobre ese nombre. Si hubo uso indebido o mala fe al momento de registrar el dominio. Y si ese dominio afecta o no a una marca previamente registrada.

En Chile, este proceso lo gestiona NIC Chile. Se designa un árbitro y se abre un procedimiento que, aunque más acotado que un juicio tradicional, sigue una lógica bastante formal. Ambas partes presentan sus argumentos, sus respaldos y sus fundamentos. El resultado puede variar. El dominio puede mantenerse con quien lo registró originalmente. Puede transferirse a quien reclama. O incluso las partes pueden llegar a un acuerdo.

¿Y cuándo suele ocurrir esto?

Cuando alguien registra un nombre que ya es conocido. Cuando existen marcas similares en el mercado. Cuando alguien intenta aprovecharse de una marca existente. O simplemente cuando dos emprendedores llegan al mismo nombre sin saberlo.

Y aquí aparece el verdadero aprendizaje. La mayoría de las controversias no ocurren por mala intención. Ocurren por falta de validación previa. Por elegir un dominio sin revisar si ya existe una marca, un uso comercial o una presencia anterior.

Ahí es donde el problema deja de ser técnico… y se vuelve estratégico. Porque elegir mal un dominio no solo implica cambiarlo. Puede implicar perderlo, enfrentar un proceso legal y reconstruir tu marca desde cero.

La conclusión es clara: una controversia en NIC no es un detalle. Es una consecuencia.

Y muchas veces, es evitable.

Por eso, antes de enamorarte de un nombre, hazte una pregunta incómoda pero necesaria: ¿realmente es mío… o alguien más ya lo está usando o lo podria usar?

alejandromiranda.com