En Chile no solo tratamos igual a quienes están en momentos distintos. Además, lo hacemos desde instituciones que no están realmente conectadas. El problema ya no es solo de diseño, es de coordinación.
No todos los emprendedores están en el mismo momento. Algunos recién están validando una idea, otros sobreviven en la informalidad (saliendo de sus toldos azules) y otros ya están vendiendo y buscando crecer. Son realidades distintas, con necesidades y urgencias diferentes. Sin embargo, el sistema muchas veces los trata como si fueran lo mismo, entregando soluciones estándar para situaciones completamente distintas. Esto, por sí solo, ya genera desalineación, pérdida de tiempo y desgaste.
Pero cuando uno mira un poco más en profundidad, aparece algo aún más estructural. El problema no es solo que el sistema no distinga etapas. Es que además está desconectado por dentro.
Cada institución opera con su propia lógica, sus propios tiempos y sus propios objetivos. FOSIS, SERCOTEC, CORFO, municipios, academia, Hub… todos cumplen un rol, todos están activos, pero no necesariamente están articulados entre sí. Y eso genera un efecto silencioso, pero muy potente: el emprendedor queda en medio de un sistema que no conversa.
“El problema no es solo qué se entrega, es cómo se coordina.”
Desde afuera, el ecosistema se ve robusto. Hay oferta, hay programas, hay cobertura. Pero en el “backstage”, la realidad es distinta. Falta comunicación efectiva, los objetivos no siempre están alineados y las decisiones se toman muchas veces de forma independiente. Cada actor responde a sus propios indicadores, más que a una lógica común de desarrollo del emprendedor.
Y eso tiene consecuencias directas. El emprendedor participa en un programa que no conversa con el siguiente. Recibe apoyo que no se conecta con lo que ya hizo. Se enfrenta a requisitos distintos, a lenguajes distintos, a expectativas distintas. Y nuevamente, tiene que adaptarse… no el sistema a él, sino él al sistema.
Ahí es donde se pierde eficiencia, pero también sentido. Porque cuando no hay coordinación, el sistema no construye sobre lo avanzado. Repite, fragmenta y diluye el impacto. Y eso se suma a un problema previo: si además no distinguimos en qué etapa está cada emprendedor, terminamos combinando dos fallas críticas. Entregamos soluciones poco pertinentes desde instituciones que no están alineadas.
El resultado es un ecosistema activo, pero poco conectado. No se trata de cuestionar a las instituciones, donde yo he sido fundador y participe activamente. Todas cumplen un rol necesario y muchas veces con equipos altamente comprometidos. El problema es que ese esfuerzo no está siendo articulado de manera sistémica. Y cuando eso ocurre, el impacto se reduce.
El desafío, entonces, no es hacer más ni reemplazar lo que existe. Es conectar mejor. Alinear objetivos, compartir información, construir trayectorias comunes y entender que el emprendedor no vive instituciones, vive un proceso.
Porque cuando el sistema se organiza desde sí mismo, el emprendedor se pierde. Pero cuando se organiza desde la experiencia del emprendedor, todo empieza a tener sentido.
Si queremos que el emprendimiento realmente avance, no basta con mejorar programas ni segmentar etapas, crear nuevas «Ruta del emprendedor», «Track de emprendedores», etc, que en muchos casos solo son para facilitar sus objetivos como organización y no hacer el camino mas fácil al emprendimiento y al empresario.
Es aquí el desafío para este nuevo gobierno, tenemos que lograr algo más básico, pero más desafiante: que el sistema, de una vez por todas, empiece a conversar consigo mismo.
¿Te hace sentido esta mirada? ¿Crees que hoy existe coordinación real o seguimos operando como piezas separadas dentro de un mismo sistema?
