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Emprender en Chile depende demasiado de tu comuna

En Chile se habla constantemente de igualdad de oportunidades. Pero cuando se trata de emprendimiento, esa igualdad simplemente no existe. Y aunque pocas veces se dice de manera tan directa, la realidad es clara: hoy las posibilidades de emprender dependen demasiado de la comuna donde vives.

No estamos hablando solo de recursos económicos. Estamos hablando de acceso a redes, orientación, información, acompañamiento y oportunidades reales para avanzar. Porque mientras en algunas comunas un emprendedor encuentra apoyo, rutas claras, espacios colaborativos y conexión con el ecosistema, en otras apenas encuentra una oficina con información básica o, peor aún, ninguna orientación concreta.

Y eso termina generando una desigualdad silenciosa que pocas veces se mide.

Porque no todos los municipios entienden el emprendimiento de la misma forma. Hay comunas donde se considera un motor de desarrollo local y otras donde sigue siendo visto como un tema secundario, casi administrativo. Esa diferencia cambia completamente la experiencia de quien intenta levantar un negocio.

En algunas comunas existen equipos preparados, redes activas, programas conectados y derivaciones claras. El emprendedor sabe dónde ir, qué hacer y con quién hablar. En otras, el camino depende demasiado de la suerte: suerte de encontrar a alguien que sepa orientarlo, suerte de llegar el día correcto o suerte de conocer a alguien dentro del sistema.

Y eso no debería pasar.

Porque hoy, gracias a internet, la tecnología y las herramientas digitales, cualquier persona podría emprender desde cualquier punto del país. El problema no es la distancia geográfica. El problema es la distancia en oportunidades.

Hay comunas donde emprender se siente posible. Y hay otras donde el sistema termina agotando antes de comenzar.

Lo más complejo es que esta desigualdad muchas veces no se ve. No aparece en los indicadores tradicionales ni se discute con fuerza. Pero existe todos los días. Se refleja en la calidad de atención, en la capacidad de respuesta, en las redes disponibles, en el acceso a información y en la posibilidad real de conectar con oportunidades.

Mientras algunos emprendedores logran entrar rápidamente a redes de apoyo, capacitaciones, mentorías o financiamiento, otros siguen atrapados intentando entender cómo formalizarse o dónde resolver un trámite básico.

Ahí aparece una pregunta: ¿por qué el desarrollo de un emprendedor debería depender tanto del territorio donde vive?

Porque al final del día, el talento está distribuido en todo Chile. Las ganas de salir adelante también. Lo que no está distribuido de manera equitativa son las oportunidades.

Y eso debería preocuparnos mucho más de lo que hoy nos preocupa.

No estamos hablando solamente de emprendimiento. Estamos hablando de desarrollo territorial, movilidad social y descentralización real. Porque cuando una comuna facilita el crecimiento de sus emprendedores, genera empleo, dinamiza la economía local y crea nuevas oportunidades para sus vecinos. Pero cuando una comuna no tiene capacidades, redes ni visión, termina limitando el potencial de su propia gente.

Lo más peligroso es que hemos comenzado a normalizar esta diferencia. Como si fuera lógico que algunas comunas avancen y otras simplemente sobrevivan. Como si el acceso a oportunidades dependiera naturalmente del lugar donde naciste.

Y ahí está el verdadero problema.

Si queremos un país que impulse de verdad el emprendimiento, no basta con crear más programas desde el nivel central. Hay que mirar el territorio, entender las diferencias y asegurar estándares mínimos de apoyo para cualquier emprendedor, viva donde viva.

Porque emprender no debería depender de tu comuna. Debería depender de tus capacidades, tus ganas y las oportunidades que el sistema sea capaz de construir.

Es aquí donde aparece una gran oportunidad para el gobierno: impulsar y fortalecer unidades de fomento dentro de los municipios, entregándoles herramientas, estándares e instrumentos que permitan visualizar el estado real en que se encuentra cada comuna en materia de emprendimiento. Solo así será posible avanzar hacia una estandarización mínima que asegure mejores condiciones, atención y oportunidades para quienes quieren emprender, independiente del lugar del país donde vivan.

Sin municipios no hay emprendimiento: el Estado debe integrarlos como eje del desarrollo productivo

El emprendimiento ocurre en las comunas, pero el sistema sigue operando desde arriba. Es momento de que el Estado reconozca a los municipios como articuladores clave y los integre de forma real en la estrategia de fomento en Chile.

Desde lo que he podido observar durante estos años, los municipios cumplen múltiples funciones: atienden, orientan, informan y apoyan. Son el primer contacto para muchos emprendedores y, en muchos casos, el único espacio donde encuentran acompañamiento cercano. Pero hay un rol que aún no se ha desarrollado del todo y que podría cambiar profundamente el funcionamiento del sistema: convertirse en verdaderos conectores.

No se trata de que el municipio haga todo ni de que reemplace a otras instituciones. Se trata de algo más estratégico: conectar mejor lo que ya existe. Ordenar la oferta, articular actores y dar sentido al recorrido del emprendedor dentro del territorio. Hoy se invierten millones en difusión, en campañas y en visibilidad de programas, pero poco en asegurar que esa información llegue de forma clara y útil a quienes están en la primera línea: los municipios, a través de sus unidades de fomento.

Esto también implica un desafío interno. Los municipios deben profesionalizar este espacio y asumirlo como un eje estratégico. Y muchos ya lo están haciendo. Son cada vez más los que destinan tiempo, equipos y recursos para impulsar el emprendimiento y facilitar la creación de nuevas empresas. Esto ocurre en un contexto donde ya existen múltiples programas, instituciones y herramientas disponibles. Por lo tanto, el problema no es la falta de oferta, es la falta de conexión.

Ahí el municipio puede cumplir un rol clave. Puede transformarse en el espacio donde convergen las distintas alternativas, donde se orienta con criterio y donde se construye una trayectoria más clara para el emprendedor.

Para lograrlo, el municipio debe avanzar hacia una lógica distinta. Pasar de ser un punto de atención a un nodo de articulación. Un espacio donde se sepa a quién derivar, cuándo hacerlo y cómo hacer seguimiento. Donde no solo se entregue información, sino que se acompañe el proceso.

Esto implica articular con la academia, con los servicios públicos, con el mundo privado y con otros actores del ecosistema. Implica conocer qué hace cada uno, en qué etapa aporta valor y cómo se complementan. Y, sobre todo, implica asumir que el emprendedor no necesita más opciones, necesita mejores decisiones.

Cuando el municipio cumple este rol, el sistema se ordena desde sus comunas. Se reducen las duplicidades, se mejora la pertinencia de los apoyos y aumenta la probabilidad de que el emprendedor avance. El desafío es claro: dejar de operar como actores aislados y avanzar hacia una lógica de red, donde el municipio actúe como un verdadero conector territorial.

Porque si alguien tiene la capacidad de ordenar el ecosistema desde la realidad, con conocimiento directo y cercanía con las personas, es el municipio.

Entonces, ¿qué debería pasar? Y lo he planteado en distintas instancias: el Estado debe reconocer y fortalecer a los municipios que están más avanzados, utilizándolos como base para acercar los instrumentos de fomento a las personas. También debe impulsar programas que permitan que las instituciones lleguen a laas comunas, apoyando a quienes aún no están preparados y necesitan desarrollar procesos reales de emprendimiento, más allá de acciones puntuales o ferias temporales.

Los municipios, a través de sus unidades de fomento, deben convertirse en articuladores del desarrollo emprendedor en Chile. Ahí hay una oportunidad concreta de ordenar el sistema y hacerlo realmente efectivo.

Aquí dejo esta pregunta: ¿El estado esta aprovechando realmente el rol de los municipios en el desarrollo del fomento productivo? ¿Los alcaldes tienen este tema en su agenda?

Perdido en el sistema: cuando emprender en Chile se transforma en un laberinto

Entrar al ecosistema es relativamente fácil. Lo difícil es avanzar dentro de él. Esta columna expone una realidad incómoda: la falta de continuidad está frenando el verdadero desarrollo de los emprendedores.

Un emprendedor decide dar el paso. Tiene una idea, ganas y la convicción de que puede hacerlo funcionar. Busca apoyo y encuentra su primer programa. Aprende, se ordena, avanza. Sale con más claridad. Pero cuando termina, aparece la pregunta que nadie responde: ¿qué viene ahora? Entonces postula a otro instrumento. Vuelve a llenar formularios, vuelve a explicar su negocio, vuelve a partir desde cero. No hay continuidad real. Lo anterior no se conecta con lo siguiente. Avanza, sí, pero con desgaste. Luego llega a un tercer programa. Esta vez con más experiencia, pero también con más frustración. Porque ya entiende que el problema no es él. Es el sistema. Un sistema donde las instituciones no conversan, donde cada apoyo es aislado y donde el recorrido depende más de la suerte que de un diseño claro

“El problema no es partir… es no saber hacia dónde seguir.”

Y ahí está el punto crítico. No estamos fallando en el acceso. Estamos fallando en la trayectoria. Porque emprender no es entrar a un programa, es recorrer un camino. Y hoy ese camino no está claro, no está articulado, no está pensado desde la experiencia real del emprendedor. Lo que debería ser un proceso de crecimiento se transforma muchas veces en un circuito de prueba y error dentro del propio sistema. Algunos logran avanzar, pero no gracias a la conexión del sistema, sino a pesar de su desconexión. Otros se estancan. Y varios simplemente abandonan.

Si de verdad queremos impulsar el emprendimiento en Chile, el desafío no es sumar más programas, es dar continuidad a los existentes. No es abrir más puertas, es construir caminos. Instancias agiles y con resultados rápidos y medibles, para ir monitoreando el avance.

Porque el verdadero problema no es que los emprendedores no entren al sistema… es que se pierdan dentro de él.

¿Qué opinas tú? ¿Has visto o vivido algo similar como emprendedor que ves tanta cosa que al final no se opta por nada?

Chile inicia un nuevo ciclo con foco en crecimiento, inversión y empresas

José Antonio Kast como nuevo Presidente de Chile abre una etapa que muchos actores del mundo productivo ven como una oportunidad para retomar una agenda clara de crecimiento económico, inversión y fortalecimiento de las empresas. Después de años marcados por bajo dinamismo económico, incertidumbre regulatoria y dificultades para impulsar proyectos productivos, el país enfrenta ahora el desafío de recuperar el crecimiento como prioridad central de la política pública.

Uno de los elementos más destacados del nuevo ciclo político es la señal que se entrega al mundo empresarial y a los inversionistas: la economía vuelve a ocupar un lugar central en la agenda del Estado. Una mirada orientada al crecimiento, a la generación de empleo y al fortalecimiento del sector privado puede contribuir a reactivar la inversión y a recuperar la confianza en la economía chilena.

Durante los últimos años, diversos analistas y medios económicos han señalado que el bajo crecimiento ha sido uno de los principales problemas que ha enfrentado el país. Sin crecimiento sostenido resulta difícil mejorar salarios, generar empleo de calidad o fortalecer las oportunidades para miles de pequeñas y medianas empresas que sostienen gran parte de la actividad económica.

En ese contexto, una agenda económica que promueva la productividad, la inversión y el desarrollo empresarial adquiere especial relevancia. Fortalecer la capacidad de las empresas para crecer, innovar y competir no solo beneficia al sector privado, sino que también tiene un impacto directo en el bienestar de las personas a través de la creación de empleo y el dinamismo económico.

Las pequeñas empresas cumplen un rol fundamental en este proceso. En Chile, miles de pymes generan oportunidades laborales, desarrollan economías locales y contribuyen al tejido productivo del país. Sin embargo, para que estas empresas puedan crecer necesitan un entorno que facilite la actividad económica, reduzca barreras innecesarias y entregue mayor certeza para invertir.

En este escenario, instituciones del sistema de fomento productivo como SERCOTEC y CORFO pueden desempeñar un rol relevante si logran orientar sus instrumentos hacia el fortalecimiento de la productividad empresarial, la innovación y el desarrollo de nuevos mercados.

La experiencia internacional muestra que los países que logran crecer de manera sostenida son aquellos que promueven entornos favorables para la inversión, la innovación y el desarrollo empresarial. Una economía dinámica necesita reglas claras, instituciones eficientes y políticas públicas orientadas a facilitar la actividad productiva.

El nuevo ciclo político abre la posibilidad de avanzar en esa dirección. Impulsar una agenda de crecimiento económico, fortalecer el desarrollo de las pequeñas empresas y promover la inversión productiva pueden transformarse en pilares fundamentales para el desarrollo de Chile en los próximos años.

Más allá de las diferencias políticas, el desafío que enfrenta el país es claro: construir condiciones que permitan que las empresas crezcan, que se generen nuevos empleos y que la economía recupere su capacidad de avanzar con mayor dinamismo. En ese camino, el fortalecimiento de la productividad empresarial y el desarrollo del sector productivo serán claves para el futuro económico de Chile.

Muy bien Chile!!!

Los ecosistemas emprendedores regionales: una clave para el desarrollo

El emprendimiento no ocurre en el vacío. Las empresas nacen, crecen o desaparecen dentro de entornos económicos y sociales que influyen directamente en sus posibilidades de éxito. Estos entornos son lo que comúnmente se denomina ecosistemas emprendedores.

Un ecosistema emprendedor está compuesto por múltiples actores: emprendedores, empresas consolidadas, universidades, instituciones públicas, redes de financiamiento, centros de innovación, gremios y organizaciones de apoyo empresarial. Cuando estos actores interactúan de manera coordinada, se generan condiciones más favorables para el desarrollo de nuevas empresas.

Sin embargo, el desafío de los ecosistemas emprendedores regionales no es solo la existencia de programas o instituciones. También requiere una cultura de colaboración, redes empresariales activas y una articulación efectiva entre actores públicos y privados.

Cuando estos elementos se combinan adecuadamente, los territorios comienzan a generar dinámicas económicas propias. Surgen nuevas empresas, se fortalecen cadenas productivas locales y aparecen oportunidades de innovación.

La experiencia internacional muestra que las regiones que logran consolidar ecosistemas emprendedores suelen experimentar mayores niveles de crecimiento económico y generación de empleo.

En el caso chileno, avanzar en la consolidación de estos ecosistemas regionales puede transformarse en una de las estrategias más efectivas para impulsar el desarrollo productivo del país.

El emprendimiento regional no solo contribuye a diversificar la economía, sino también a construir territorios más dinámicos, resilientes y capaces de generar oportunidades para sus habitantes.

Municipios y desarrollo económico local

Los municipios suelen ser reconocidos principalmente por su rol en servicios comunitarios, infraestructura urbana o gestión territorial. Sin embargo, existe una dimensión cada vez más relevante en su trabajo: el desarrollo económico local.

En muchas comunas del país, especialmente fuera de las grandes ciudades, los municipios se han transformado en actores clave para promover el emprendimiento, apoyar a pequeñas empresas y generar oportunidades económicas para sus habitantes. Las oficinas de fomento productivo, las ferias locales, los programas de capacitación o la articulación con instituciones públicas son ejemplos concretos de este trabajo.

El desarrollo económico local se basa en una idea simple pero poderosa: las soluciones para impulsar la economía muchas veces se encuentran en el propio territorio. Los municipios conocen las características productivas de su comuna, las necesidades de sus emprendedores y las oportunidades que pueden surgir en su entorno.

Cuando los gobiernos locales trabajan coordinadamente con instituciones del sistema de fomento productivo, el impacto puede ser significativo. Programas impulsados por SERCOTEC, como asesorías empresariales o capacitaciones para emprendedores, suelen desplegarse en coordinación con los municipios, permitiendo acercar estas herramientas a la comunidad.

Por su parte, iniciativas impulsadas por CORFO relacionadas con innovación, desarrollo productivo o fortalecimiento de sectores económicos regionales también pueden articularse con actores locales para potenciar su impacto.

El municipio, en este contexto, cumple un rol de articulador. Conecta a los emprendedores con programas de apoyo, identifica oportunidades productivas y facilita la colaboración entre distintos actores del territorio.

En un escenario donde la descentralización y el desarrollo regional son temas cada vez más relevantes, fortalecer las capacidades de los municipios en materia de desarrollo económico local se vuelve una tarea estratégica.

Cuando el gobierno local se involucra activamente en la promoción del emprendimiento y el apoyo a las pequeñas empresas, la economía del territorio comienza a mostrar señales de dinamismo que pueden transformarse en oportunidades reales para la comunidad.

El potencial económico de las regiones de Chile

Durante décadas, el crecimiento económico chileno ha estado fuertemente concentrado en la Región Metropolitana. Santiago concentra instituciones, capital humano especializado, centros de decisión y una parte importante de la inversión privada. Sin embargo, el verdadero potencial económico del país se encuentra distribuido a lo largo de todo su territorio.

Las regiones de Chile poseen vocaciones productivas diversas: agricultura en el centro-sur, turismo en zonas australes, minería en el norte, actividades portuarias, industrias creativas, servicios tecnológicos y una amplia gama de economías locales que sostienen el desarrollo de sus comunidades. Estas actividades no solo generan ingresos, sino también empleo y dinamismo económico territorial.

El desafío es que muchas de estas oportunidades productivas no logran desplegar todo su potencial debido a limitaciones estructurales. Falta de acceso a financiamiento, menor disponibilidad de redes empresariales, dificultades logísticas o menor acceso a conocimiento especializado pueden limitar el crecimiento de empresas regionales.

La existencia de estas instituciones ha permitido avanzar en la descentralización del apoyo al emprendimiento y al desarrollo empresarial. Sin embargo, el desafío sigue siendo fortalecer el crecimiento regional de manera sostenida.

El desarrollo económico de un país diverso como Chile difícilmente puede depender exclusivamente de la dinámica de una sola ciudad. Fortalecer las economías regionales no solo permite generar nuevas oportunidades productivas, sino también construir un crecimiento más equilibrado, resiliente y sostenible.

Cuando las regiones logran activar plenamente sus capacidades productivas, el crecimiento del país deja de depender de un único polo económico y comienza a expandirse desde múltiples territorios, generando un desarrollo más equilibrado y sostenible. Este será uno de los desafíos centrales en los próximos años. Hoy muchos de los instrumentos de fomento productivo ya se encuentran en ejecución, por lo que el foco deberá estar en cómo el próximo gobierno logre fortalecerlos, coordinarlos mejor y orientarlos estratégicamente para potenciar el desarrollo económico regional.

Cuando la política pública no llega a las regiones

Uno de los principales desafíos de las políticas públicas de desarrollo productivo es lograr que sus instrumentos lleguen efectivamente a quienes más los necesitan. En muchas ocasiones, las iniciativas diseñadas a nivel central no logran desplegarse con la misma intensidad en todo el territorio.

Chile es un país con una diversidad productiva significativa. Las realidades económicas de una comuna agrícola, una ciudad portuaria o una localidad turística pueden ser completamente distintas. Diseñar políticas públicas con una lógica homogénea puede generar brechas importantes en su implementación.

Aquí es donde la presencia territorial de las instituciones de fomento productivo adquiere una relevancia estratégica. La red de Centros de Negocios de SERCOTEC, por ejemplo, ha permitido acercar herramientas de gestión empresarial a miles de emprendedores que, de otro modo, tendrían dificultades para acceder a este tipo de apoyo.

Del mismo modo, los programas regionales impulsados por CORFO han buscado fortalecer ecosistemas productivos específicos, promoviendo clusters, redes de innovación y proyectos colaborativos entre empresas, universidades e instituciones públicas.

La experiencia demuestra que las políticas públicas funcionan mejor cuando logran adaptarse a las realidades territoriales y cuando cuentan con equipos capaces de interpretar las necesidades locales.

El desafío no es solo descentralizar recursos, sino también desarrollar capacidades institucionales en los territorios que permitan implementar las políticas de manera efectiva.

Cuando la política pública logra conectar con el territorio, los instrumentos de fomento productivo dejan de ser programas abstractos y se transforman en herramientas concretas para impulsar el desarrollo económico local.