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Sin municipios no hay emprendimiento: el Estado debe integrarlos como eje del desarrollo productivo

El emprendimiento ocurre en las comunas, pero el sistema sigue operando desde arriba. Es momento de que el Estado reconozca a los municipios como articuladores clave y los integre de forma real en la estrategia de fomento en Chile.

Desde lo que he podido observar durante estos años, los municipios cumplen múltiples funciones: atienden, orientan, informan y apoyan. Son el primer contacto para muchos emprendedores y, en muchos casos, el único espacio donde encuentran acompañamiento cercano. Pero hay un rol que aún no se ha desarrollado del todo y que podría cambiar profundamente el funcionamiento del sistema: convertirse en verdaderos conectores.

No se trata de que el municipio haga todo ni de que reemplace a otras instituciones. Se trata de algo más estratégico: conectar mejor lo que ya existe. Ordenar la oferta, articular actores y dar sentido al recorrido del emprendedor dentro del territorio. Hoy se invierten millones en difusión, en campañas y en visibilidad de programas, pero poco en asegurar que esa información llegue de forma clara y útil a quienes están en la primera línea: los municipios, a través de sus unidades de fomento.

Esto también implica un desafío interno. Los municipios deben profesionalizar este espacio y asumirlo como un eje estratégico. Y muchos ya lo están haciendo. Son cada vez más los que destinan tiempo, equipos y recursos para impulsar el emprendimiento y facilitar la creación de nuevas empresas. Esto ocurre en un contexto donde ya existen múltiples programas, instituciones y herramientas disponibles. Por lo tanto, el problema no es la falta de oferta, es la falta de conexión.

Ahí el municipio puede cumplir un rol clave. Puede transformarse en el espacio donde convergen las distintas alternativas, donde se orienta con criterio y donde se construye una trayectoria más clara para el emprendedor.

Para lograrlo, el municipio debe avanzar hacia una lógica distinta. Pasar de ser un punto de atención a un nodo de articulación. Un espacio donde se sepa a quién derivar, cuándo hacerlo y cómo hacer seguimiento. Donde no solo se entregue información, sino que se acompañe el proceso.

Esto implica articular con la academia, con los servicios públicos, con el mundo privado y con otros actores del ecosistema. Implica conocer qué hace cada uno, en qué etapa aporta valor y cómo se complementan. Y, sobre todo, implica asumir que el emprendedor no necesita más opciones, necesita mejores decisiones.

Cuando el municipio cumple este rol, el sistema se ordena desde sus comunas. Se reducen las duplicidades, se mejora la pertinencia de los apoyos y aumenta la probabilidad de que el emprendedor avance. El desafío es claro: dejar de operar como actores aislados y avanzar hacia una lógica de red, donde el municipio actúe como un verdadero conector territorial.

Porque si alguien tiene la capacidad de ordenar el ecosistema desde la realidad, con conocimiento directo y cercanía con las personas, es el municipio.

Entonces, ¿qué debería pasar? Y lo he planteado en distintas instancias: el Estado debe reconocer y fortalecer a los municipios que están más avanzados, utilizándolos como base para acercar los instrumentos de fomento a las personas. También debe impulsar programas que permitan que las instituciones lleguen a laas comunas, apoyando a quienes aún no están preparados y necesitan desarrollar procesos reales de emprendimiento, más allá de acciones puntuales o ferias temporales.

Los municipios, a través de sus unidades de fomento, deben convertirse en articuladores del desarrollo emprendedor en Chile. Ahí hay una oportunidad concreta de ordenar el sistema y hacerlo realmente efectivo.

Aquí dejo esta pregunta: ¿El estado esta aprovechando realmente el rol de los municipios en el desarrollo del fomento productivo? ¿Los alcaldes tienen este tema en su agenda?

Derivación responsable: el eslabón perdido que puede ordenar el emprendimiento en Chile

No faltan programas ni recursos. Lo que falta es algo más básico: saber derivar bien. Porque cuando la derivación falla, el sistema completo pierde sentido.

Durante años hemos discutido cómo mejorar el ecosistema de emprendimiento en Chile. Se habla de más programas, más fondos y mayor cobertura. Pero hay una verdad incómoda que sigue pasando desapercibida y que explica gran parte de las fallas del sistema: la derivación. Y para los que me conocen, saben que hay una frase que repito constantemente, casi como una convicción: “derivemos responsablemente”. No es una consigna ni una frase bonita, es una forma de mirar el sistema. Porque en ese momento, cuando alguien te pregunta qué hacer, dónde ir o cómo seguir, no estás entregando un dato, estás influyendo en el camino de una persona. Estás tomando una decisión que puede acelerar su crecimiento o hacerlo perder meses.

Y ahí es donde el sistema hoy se queda corto. Porque derivar no puede ser sacarse el problema de encima, derivar es hacerse responsable. Es entender que no termina cuando entregas un nombre o un link, sino que empieza ahí. Una derivación real debería tener seguimiento, debería existir un dashboard que permita saber a quién derivaste, a dónde, qué pasó después, si avanzó o no. Debería haber una llamada posterior, una conversación, una validación. Porque si no sabemos qué ocurrió, no estamos aprendiendo, y si no aprendemos, seguimos repitiendo errores.

Pero hay algo aún más profundo. Para derivar bien no basta con conocer programas, hay que conocer personas. No todos dentro de una institución tienen la misma capacidad de orientar, resolver o acompañar. Saber quién es el indicado marca la diferencia. Una buena derivación no es solo a la institución correcta, es a la persona correcta. Y eso nos enfrenta a otro desafío mayor: conocernos entre nosotros. Hoy el sistema no se conoce lo suficiente. No sabemos bien qué hace el otro, en qué etapa aporta valor o quién resuelve mejor ciertos problemas. Falta un mapa claro, una especie de menú del ecosistema que permita tomar decisiones con criterio y no al azar.

Porque cuando eso no existe, la derivación se transforma en intuición, y cuando se basa en intuición, el sistema pierde consistencia. Aquí está la oportunidad. No se trata de crear más programas, se trata de ordenar el recorrido, de asumir que cada derivación es una decisión estratégica. De pasar de un sistema que deriva a uno que se hace cargo. Porque al final, derivar bien no es mover a alguien de un lugar a otro, es hacerse responsable de que llegue donde realmente tiene que estar y de no soltarlo hasta saber qué pasó. Ahí es donde el sistema deja de operar y empieza, de verdad, a transformar.

Chile apoya a los emprendedores… ¿o eso creemos?

Las instituciones ¿Conversan?

Chile lleva años diciendo que es un país que impulsa el emprendimiento. Y en parte es cierto. Existen programas, fondos, capacitaciones, centros de apoyo, instituciones completas dedicadas a esto. Pero hay una pregunta incómoda que pocos se hacen: ¿el sistema está realmente diseñado para el emprendedor… o para funcionar entre instituciones? Porque cuando uno mira desde afuera, todo parece ordenado. Hay oferta, hay recursos, hay cobertura. Pero cuando uno entra al sistema —cuando se convierte en emprendedor— la experiencia es otra. Empieza la confusión. No está claro por dónde partir, no está claro a quién acudir, no está claro qué programa es el correcto. Y lo más crítico: no está claro qué viene después. El problema no es la falta de apoyo, es cómo se vive ese apoyo.

Hoy el sistema funciona más como una suma de iniciativas que como un camino estructurado. Cada institución cumple su rol, cada programa tiene su lógica, cada convocatoria tiene sus tiempos. Pero el emprendedor no vive el sistema por partes, lo vive como una sola experiencia. Y ahí es donde empiezan las grietas. Porque lo que debería ser un camino muchas veces se transforma en un laberinto, donde se repiten procesos, se duplican esfuerzos, se pierde tiempo valioso y, en muchos casos, se pierde motivación. El sistema existe, el apoyo también, pero eso no garantiza que funcione bien. Tener programas no es lo mismo que tener un sistema.

Aquí aparece el punto de fondo. Chile no tiene un problema de intención, tiene un problema de diseño. Y cuando el diseño falla, el impacto también. Porque no basta con llegar a muchos emprendedores, hay que lograr que avancen, que crezcan, que se sostengan, que evolucionen. Y eso requiere algo que hoy no está del todo resuelto: una experiencia coherente, conectada y progresiva. No se trata de crear más programas, se trata de entender mejor el recorrido del emprendedor, de simplificar, de ordenar, de conectar. Porque mientras eso no pase, seguiremos celebrando la cobertura, pero sin hacernos cargo del resultado.

Chile tiene todo para ser un país líder en emprendimiento. Pero para lograrlo necesita dar un paso incómodo: dejar de mirar la oferta y empezar a mirar la experiencia real del emprendedor. Porque ahí —y solo ahí— está la verdad del sistema. Es ahi el desafío de este nuevo gobierno a que Corfo-Sercotec-Fosis y otras puedan conversar y tener lineas base sin duplicaciones.

Cómo mejorar el acceso a compras públicas para pymes

El Estado es uno de los principales compradores de bienes y servicios en cualquier economía. En Chile, las compras públicas representan un volumen significativo de recursos que cada año se destinan a adquirir productos, servicios y soluciones para el funcionamiento del sector público.

Este mercado representa una oportunidad importante para miles de pequeñas empresas que podrían transformarse en proveedores del Estado. Sin embargo, en la práctica muchas pymes enfrentan dificultades para acceder a estas oportunidades.

Los procesos de compra pública suelen exigir requisitos administrativos, financieros o técnicos que pueden resultar complejos para empresas pequeñas. La preparación de propuestas, la capacidad de cumplir con plazos de ejecución o los requisitos de garantías pueden transformarse en barreras que limitan la participación de empresas de menor tamaño.

En este escenario, mejorar el acceso de las pymes a las compras públicas puede convertirse en una herramienta poderosa para impulsar el desarrollo empresarial.

Cuando una pequeña empresa logra transformarse en proveedora del Estado, no solo accede a nuevas oportunidades comerciales, sino que también fortalece su reputación, mejora su estabilidad financiera y adquiere experiencia en procesos formales de contratación.

Instituciones del ecosistema de fomento productivo han comenzado a trabajar en esta dirección. Programas de capacitación y acompañamiento empresarial impulsados por SERCOTEC han buscado preparar a emprendedores y pequeñas empresas para participar en procesos de licitación pública.

De manera complementaria, iniciativas impulsadas por CORFO en materia de desarrollo empresarial e innovación pueden ayudar a que las empresas mejoren sus capacidades productivas y puedan competir en mercados más exigentes.

Sin embargo, el desafío sigue siendo ampliar la participación efectiva de las pymes en las compras públicas. Simplificar procesos administrativos, mejorar la difusión de oportunidades de compra, fortalecer la capacitación empresarial y diseñar mecanismos que favorezcan la participación de empresas de menor tamaño pueden contribuir significativamente a este objetivo.

El Estado no solo regula o apoya a las empresas. También compra. Y cuando esas compras incorporan de manera más activa a las pequeñas empresas, se genera un impacto directo en el desarrollo productivo del país.

Acceso al financiamiento para pequeñas empresas en Chile

Uno de los temas más recurrentes en el debate sobre emprendimiento y desarrollo empresarial en Chile es el acceso al financiamiento. Para muchas pequeñas empresas, conseguir recursos para iniciar o expandir un negocio sigue siendo uno de los principales obstáculos para crecer.

Las instituciones financieras tradicionales suelen evaluar el riesgo de los créditos en función de historial financiero, garantías o estabilidad de ingresos. Este modelo, diseñado principalmente para empresas consolidadas, puede dejar fuera a numerosos emprendedores que recién comienzan o que operan en escalas más pequeñas.

Como resultado, muchas pequeñas empresas enfrentan dificultades para acceder a crédito formal, lo que limita sus posibilidades de invertir en equipamiento, contratar personal, mejorar su infraestructura o expandir sus operaciones.

El sistema de fomento productivo chileno ha intentado abordar este desafío mediante distintos instrumentos de apoyo. Programas de capital semilla, subsidios de inversión o iniciativas orientadas a fortalecer la gestión empresarial han sido impulsados por instituciones como SERCOTEC, buscando facilitar el inicio o consolidación de nuevos negocios.

De manera complementaria, CORFO ha desarrollado instrumentos financieros orientados a facilitar el acceso al crédito, promover la innovación empresarial y fortalecer el ecosistema de financiamiento para empresas en distintas etapas de desarrollo.

Sin embargo, el desafío sigue siendo amplio. El financiamiento para pequeñas empresas no puede depender exclusivamente de subsidios públicos o de instrumentos de corto plazo. También requiere fortalecer mecanismos que permitan integrar a las pymes al sistema financiero formal.

En este contexto, avanzar hacia esquemas de financiamiento más flexibles, fomentar instrumentos de garantía, promover el desarrollo de mercados de capital para empresas emergentes y fortalecer la educación financiera de los emprendedores son aspectos clave para mejorar el acceso al financiamiento.

El crecimiento económico de un país depende en gran medida de la capacidad de sus empresas para invertir, innovar y expandirse. Si las pequeñas empresas encuentran barreras estructurales para acceder a recursos financieros, el potencial de crecimiento del país se ve inevitablemente limitado.

Facilitar el acceso al financiamiento no es solo una política de apoyo al emprendimiento. Es una condición fundamental para fortalecer el desarrollo productivo y la generación de empleo.

El verdadero problema de las pymes no es la idea, es el mercado

Durante años, gran parte del discurso sobre emprendimiento ha puesto el foco en la generación de ideas de negocio. Programas de capacitación, concursos y actividades de innovación suelen centrarse en cómo identificar oportunidades, desarrollar modelos de negocio o construir propuestas de valor atractivas. Sin embargo, cuando se observa la realidad de muchas pequeñas empresas en Chile, el principal desafío no está en la idea inicial, sino en la capacidad de acceder y mantenerse en el mercado.

Miles de emprendedores logran iniciar actividades económicas cada año. El problema aparece después: vender de manera sostenida, escalar el negocio y consolidar una base de clientes que permita sostener la empresa en el tiempo.

El mercado es exigente, competitivo y muchas veces concentrado. Las pequeñas empresas suelen enfrentarse a barreras significativas para acceder a canales de comercialización, redes de distribución o espacios donde posicionar sus productos y servicios. Esto se vuelve especialmente complejo en sectores donde las grandes empresas dominan el acceso a los consumidores o donde las cadenas de comercialización tienen altos niveles de concentración.

Abrir espacios de comercialización, fortalecer redes empresariales, facilitar el acceso a cadenas de valor y promover la compra de bienes y servicios a empresas de menor tamaño puede generar un impacto mucho más significativo que muchos instrumentos tradicionales de apoyo.

El emprendimiento no se sostiene únicamente con buenas ideas. Se sostiene con ventas, clientes y mercados que permitan transformar esas ideas en empresas capaces de crecer y generar empleo.