Hay información valiosa en las comunas que no está siendo utilizada para tomar mejores decisiones.
Los municipios tienen algo que ninguna otra institución posee con ese nivel de profundidad: conocimiento real y directo de sus comunas. Saben quién está emprendiendo, en qué rubro, con qué dificultades y en qué contexto. Conocen las historias detrás de cada negocio, las barreras que enfrentan y las oportunidades que se pueden activar. Ese conocimiento no es teórico, es práctico, cotidiano y construido en terreno, muchas veces con pocos recursos y sacando adelante iniciativas casi a pulso.
Sin embargo, hoy ese conocimiento no se está utilizando de manera estratégica. Muchas veces queda en el nivel local, sin escalar, sin sistematizarse y sin influir en las decisiones más amplias del ecosistema. Se transforma en información valiosa, pero aislada.
Las decisiones, desde los formatos de apoyo hasta los programas de emprendimiento e incluso los montos que se asignan, en muchos casos siguen tomándose desde arriba, bajo una lógica general que no siempre incorpora la diversidad de realidades de las comunas a nivel nacional. Los programas se diseñan con buenas intenciones, pero sin considerar completamente lo que realmente está ocurriendo en las comunas. Y ahí es donde comienza la desalineación.
Porque cuando no se escucha lo que pasa en las comunas, el sistema pierde precisión. Pierde la capacidad de focalizar bien, de adaptar sus instrumentos y de responder a necesidades reales. Se vuelve más genérico, más distante y, finalmente, menos efectivo.
El resultado es evidente: programas que no calzan del todo con la realidad local, recursos que no se aprovechan al máximo y emprendedores que sienten que el apoyo no responde a su situación concreta, o que simplemente está diseñado para otros y no para ellos.
Hoy el sistema tiene acceso a conocimiento, pero no lo está integrando de forma sistemática en la toma de decisiones. Y eso limita su impacto. También es cierto que, en algunos casos, esa información no se comparte lo suficiente desde los propios municipios, lo que refuerza la desconexión.
Si queremos mejorar el ecosistema, tenemos que escuchar más a los municipios. Pero no solo convocarlos en momentos puntuales o en situaciones de emergencia, sino integrarlos de manera permanente, validar su conocimiento y utilizarlo como base para diseñar mejores políticas públicas. Eso implica darles un rol más activo, no solo como ejecutores locales, sino como actores relevantes en el diseño, ajuste y evaluación de las estrategias de emprendimiento.
Porque cuando el sistema se construye con información real, el impacto cambia. Se vuelve más preciso, más pertinente y efectivo.
Y aquí hay una tarea compartida. El Estado debe integrar a los municipios y a sus áreas de emprendimiento dentro de una red de trabajo real, activa y colaborativa. Y los municipios también deben estar dispuestos a compartir información, coordinarse y trabajar en conjunto. Porque solo así se puede fortalecer el ecosistema y generar más emprendedores, más empresas y, en consecuencia, más desarrollo para el país.
Dejo planteado estos temas: ¿Estamos diseñando políticas públicas sin conocer lo que pasa en terreno? ¿Crees que hoy el Estado realmente escucha lo que pasa en los territorios?