El crecimiento económico suele asociarse a grandes inversiones, infraestructura de gran escala o proyectos industriales relevantes. Sin embargo, una parte importante del dinamismo económico de un país se genera a partir de actividades productivas mucho más cercanas a la vida cotidiana de las personas.

En barrios, comunas y pequeñas ciudades, miles de emprendedores y pequeños empresarios impulsan negocios que sostienen el comercio local, generan empleo y dinamizan la economía territorial. Desde pequeños comercios hasta servicios especializados, estas iniciativas conforman una red económica que muchas veces pasa desapercibida en el debate macroeconómico.
El desarrollo económico local ha sido ampliamente estudiado en la literatura académica y en experiencias internacionales. Una de sus conclusiones más relevantes es que el crecimiento sostenible requiere fortalecer las capacidades productivas del territorio, promoviendo la articulación entre empresas, instituciones públicas y actores locales.
En este contexto, los municipios, las organizaciones empresariales y las instituciones de fomento pueden desempeñar un rol estratégico en la generación de ecosistemas que favorezcan el desarrollo de nuevas empresas y el crecimiento de las existentes.
Cuando se fortalece la actividad económica en los barrios y comunas, se produce un efecto multiplicador: se crean empleos, se activan redes comerciales y se genera mayor estabilidad económica en el territorio.
El desafío de las políticas públicas es reconocer esta dimensión territorial del crecimiento y diseñar instrumentos que permitan potenciarla de manera efectiva.