En los últimos años el concepto de “permisología” se ha instalado con fuerza en el debate económico chileno. Habitualmente se utiliza para referirse a los retrasos que enfrentan grandes proyectos de inversión, particularmente en sectores como la minería, la energía o la infraestructura. Sin embargo, existe una dimensión mucho menos visible de este fenómeno: la permisología que enfrentan diariamente las pequeñas empresas.
Para una gran compañía, la demora en un permiso puede implicar ajustes financieros o reprogramación de inversiones. Para una pyme, en cambio, un retraso administrativo puede significar que el negocio nunca llegue a abrir sus puertas. Un emprendimiento que depende de ahorros personales, crédito familiar o financiamiento limitado no tiene margen para esperar meses por una autorización.
La apertura de un pequeño negocio suele implicar múltiples trámites: patentes municipales, autorizaciones sanitarias, certificados de uso de suelo, recepciones finales o cambios de giro. Cada uno de estos procedimientos tiene una lógica regulatoria válida, pero cuando se acumulan sin coordinación pueden transformarse en una barrera importante para el desarrollo empresarial.
Desde la perspectiva del desarrollo productivo, el problema no es la existencia de regulación. Toda economía moderna necesita normas sanitarias, urbanísticas y de seguridad que protejan a las personas y ordenen la actividad económica. El desafío aparece cuando la regulación pierde eficiencia y se vuelve impredecible.
En este escenario, instituciones del sistema de fomento productivo como SERCOTEC suelen cumplir un rol relevante orientando a los emprendedores sobre los pasos necesarios para formalizar sus negocios. A través de la red de Centros de Negocios, muchos emprendedores reciben asesoría para enfrentar estos procesos administrativos. Sin embargo, el acompañamiento institucional no siempre logra compensar la complejidad estructural de los trámites.
Abordar la permisología de las pymes requiere avanzar hacia procesos más simples, coordinados y transparentes. No se trata de eliminar estándares regulatorios, sino de mejorar la forma en que estos se aplican, reduciendo tiempos y entregando mayor certeza a quienes buscan iniciar una actividad económica.
Si Chile quiere fortalecer su tejido empresarial y promover la creación de nuevas empresas, este problema debe ser abordado como parte de la agenda de crecimiento económico, queda muy claro que el proximo gobierno deberia poner mas atencion en estos temas y hacer de los nuevos emprendedores a empresarios y de empresarios a empresarios productivos