Uno de los principales desafíos de la política pública en materia de desarrollo productivo es pasar de la lógica de la entrega de subsidios hacia una lógica centrada en resultados económicos concretos.
Durante años, muchas iniciativas públicas han sido evaluadas principalmente por indicadores de gestión administrativa: número de beneficiarios atendidos, cantidad de proyectos financiados o número de capacitaciones realizadas. Sin embargo, estos indicadores no necesariamente reflejan el impacto real que dichas políticas generan en la economía.
El verdadero desafío es medir resultados más relevantes: aumento en ventas, generación de empleo, crecimiento de las empresas o consolidación de nuevos mercados. Este enfoque es el que ha comenzado a instalarse progresivamente en distintas instituciones del sistema de fomento productivo chileno.
En el caso de SERCOTEC, los Centros de Negocios han incorporado metodologías de seguimiento que permiten evaluar el impacto de la asesoría empresarial en el desempeño de las pymes. El acompañamiento permanente, la identificación de brechas y el apoyo en áreas clave como gestión comercial o digitalización han demostrado ser herramientas efectivas para mejorar la competitividad de las pequeñas empresas.
Por otro lado, CORFO ha impulsado programas orientados a fortalecer la innovación empresarial, promoviendo proyectos que generen nuevos productos, procesos o modelos de negocio. Estos instrumentos buscan precisamente aumentar la productividad y la capacidad de crecimiento de las empresas.
La literatura académica sobre evaluación de políticas públicas es clara en este punto: las políticas de desarrollo productivo deben medirse por su impacto económico real y no solo por su nivel de ejecución presupuestaria.
Esto implica también mejorar la coordinación entre programas, evitar duplicidades institucionales y asegurar que los recursos públicos se orienten hacia iniciativas con mayor potencial de impacto.
En un contexto donde el crecimiento económico vuelve a ser una prioridad para el país, la pregunta ya no es solo cuántos programas existen, sino qué resultados están generando en la economía real.